Estimados miembros de Babel: Quisiera volver sobre un tema que qued— pendiente en la discusi—n sobre interactividad. En una de las śltimas cartas, JosŽ censur— (no sŽ si el verbo sea el adecuado) el hecho de que se recurriera a la literatura para la formaci—n de los alumnos en la palabra escrita de su propia lengua. Hubo tambiŽn una comunicaci—n de Alejandro de la Mora acerca de las visiones anacr—nicas de la lengua que suelen disfrazarse bajo la palabra "filolog’a". Si bien es cierto que este tipo de formaci—n tradicional, muchas veces, efectivamente, viene cargado de una serie de lastres que suelen pervertir su funci—n pedag—gica, me parece que vale la pena preguntarse si tiene algśn sentido y si puede, con todo, ser de alguna utilidad para los estudiantes. Personalmente, creo que el uso de la literatura en el aula no es un error, si se emplea este recurso con inteligencia. Mi experiencia docente est‡ en el campo de la ense–anza de lectura y redacci—n a alumnos de primeros ciclos universitarios. En ese contexto, creo, una de las barreras m‡s dif’ciles de superar para los estudiantes es la casi total ignorancia de la palabra escrita. JosŽ planteaba que el uso de la literatura en la ense–anza es elitista. Segśn mi experiencia, lo elitista es, m‡s bien, el negarles a los alumnos el contacto con ese tipo de textos. DespuŽs de todo, Ŕpara quŽ se ense–a a leer y escribir? En un sentido b‡sico, el aprendizaje termina cuando los alumnos aprendieron la cartilla. Sin embargo, obviamente, con eso no basta para enfrentar la diversidad de la palabra escrita en el mundo real. Dada esa realidad, Ŕpor quŽ no la literatura? Por supuesto, enfrentar a los estudiantes s—lo con textos literarios puede ser una deformaci—n de la realidad; sin embargo, no hacerlo, creo, tambiŽn lo es. La literatura es uno de los factores m‡s importantes que modelan la lengua en tanto instituci—n social. El discurso empleado en otros ‡mbitos, sean cuales fueren, por tanto, siempre contendr‡ algo de literario. ŔD—nde y c—mo utilizar la literatura? Creo, aunque parezca discutible, que el contacto con la literatura debe empezar lo m‡s temprano que sea posible. Por cierto, no creo que Žste deba ser el enfoque inicial ni el m‡s importante en la formaci—n de los estudiantes m‡s peque–os. S—lo creo que debe ser un complemento con el que los estudiantes deber’an tomar contacto pronto. Por supuesto, no se va a empezar con G—ngora. Afortunadamente, dentro del corpus literario hay una vasta gama de posibilidades para graduar el nivel a las capacidades de cada edad y una cada vez m‡s vigorosa literatura infantil para que los m‡s peque–os empiecen. TambiŽn me parece fundamental que el contacto con la literatura sea continuo y que vaya aumentando progresivamente su complejidad a lo largo del colegio. De ese modo, mediante la literatura y otros tipos de textos (divulgaci—n cient’fica, peri—dicos, etc.), los estudiantes habr’an adquirido, al final de su formaci—n, una visi—n m‡s completa de la palabra escrita en su lengua. Y, de paso, tal vez se diviertan. Si esto se cumpliera, es posible que los cursos universitarios de redacci—n como el que yo dicto dejar’an de existir. O, lo que es mejor, se orientar’an a desarrollar habilidades espec’ficamente universitarias. En lugar de eso (y creo que muchos de ustedes se identificar‡n con mi impresi—n), nuestros cursos se orientan a tratar de parchar en uno o dos semestres lo que no se hizo en 11 a–os de colegio. Saludos, Pablo Carre–o